La realidad cambia. No deja de hacerlo.
La respuesta tradicional de los informáticos ante una situación de cambio ha sido la siguiente:
- encorsetar al cliente mediante procesos muy estrictos de ingeniería
- atarle mediante especificaciones, análisis, y actas de reuniones
- construir una representación cerrada de la realidad al inicio del proyecto e intentar bloquear cualquier intento de cambio posterior
Es evidente que esto no funciona. Y quien haya contratado un desarrollo software sabe que cualquier parecido entre la oferta y el documento de especificaciones -por una parte- y lo que se entrega al final -por otra- es pura coincidencia.
Por eso decimos que realizar un proyecto en el plazo estimado y dentro de los costes previstos es tan fácil como caminar sobre el agua. Es decir, resulta muy sencillo siempre y cuando las especificaciones del proyecto y el agua estén congeladas. Algo que nunca ocurre.
Si el cliente le dice al proveedor qué es lo que quiere hacer y lo mantiene hasta el final, entonces no hay ningún problema. Todo es fácil. Pero la realidad es que el mundo en el que vivimos no es así: las aguas raramente están congeladas; las especificaciones, nunca.
La pregunta es: entonces, ¿cómo hacemos para entregar los proyectos en plazo y coste? La respuesta, en el próximo post
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Un Comentario
Me tienes en ascuas